lunes, 7 de diciembre de 2009

Pico El Nevero

Pico El Nevero

Este año por motivos laborales no he podido salir de Madrid para disfrutar el puente de la Constitución y como no era cuestión de quedarse en casa, propuse a Rubi salir al monte y así de paso entrenamos un poco para el plato fuerte que nos espera el próximo finde, el Garmo Negro.
Para ello elegimos el Pico El Nevero, un pico que se encuentra en los llamados Montes Carpetanos, en el mismo cordal que el Peñalara, con el que a mi parecer guarda un gran parecido tanto por su morfología glaciar, como por sus condiciones climáticas, sus lagunas etc... es como un "pequeño" Peñalara.
Quedamos a las 9 en el pueblo de Lozoya. Rubi se retrasa ya que le hacen soplar en en la carretera de Guadarrama, logicamente dio negativo. Dejamos mi coche en el pueblo y con el de Rubi tomamos la carretera que sube hasta el Puerto de Navafría.


Nosotros no llegamos hasta arriba, nos quedamos en el área recreativa Las Lagunillas desde dónde parte una senda que en suave ascenso llega hasta las inmediaciones del Nevero. Impresionantes vistas de todo el valle del Lozoya, el Peñalara y la Cuerda Larga. En algo más de una hora y tras habernos despistado en uno de los desvios por ir en animada charleta, llegamos a la base del Nevero que presenta un aspecto espectacular totalmente cubierto de nieve y con sus dos pequeñas lagunas parcialmente congeladas.
Atraídos por una de sus verticales canales decidimos ponernos los crampones y emprendemos la cuesta arriba. Esta es la parte que más disfrutamos, son 10 minutos de subida contínua por una pared con un 70% de inclinación, y que hemos bautizado con el nombre de Torremolinos, en recuerdo de nuestros compañeros montañeros que se encontraban de vacaciones en esta popular población malagueña :-).

Llegando a la cima se mete la niebla y nos impide ver las vistas. Tras las fotos de rigor emprendemos la bajada. El descenso lo hacemos por una canal menos expuesta pero más peligrosa ya que la nieve se encuentra más blanda, lo que provoca que sufra un par de resbalones que podrían haber tenido peores consecuencias de no ser una vez por Rubi y otra por una piedra que consiguieron frenarme. Tras estos pequeños sustos llegamos de nuevo a la laguna, desde dónde tras un tentepié iniciamos la vuelta por el mismo lugar de la ida.
El broche final a este estupendo día lo ponemos comiéndonos una sopa castellana y un par de huevos fritos con chistorra en un bar de Lozoya.




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