sábado, 15 de enero de 2011

El espíritu de la Escupidera en la Sierra de Gredos

Hoy día 15 de enero,en Gredos, ha sido un día especial y no por la divertida canal que nos ha llevado a la cima del Morezón ni por sus magníficas vistas del Almanzor y el circo de Gredos ni por el radiante día que ha hecho ni tan siquiera por el buenrollo reinante. Hoy ha sido un día especial porque los amigos del alma de Juanma y los que tuvimos la suerte de compartir con él un minúsculo trozo de nuestras vidas, nos hemos juntado y le hemos rendido un pequeño homenaje en uno de los lugares que él más amaba, la montaña.
Y dentro de este día tan especial el momento más emotivo ha sido cuando Vicente, junto a la laguna de Gredos, ha leído con el nudo en la garganta una carta de esas que sólo Isra es capaz de escribir y que te dejan con el corazón blandito, es esta:

El espíritu de la Escupidera

Hola Juanma. Aquí, donde ahora estamos, huele a monte, a cumbre nevada, a invierno y manantial. Huele a aire libre, a espacios abiertos, a sendero y pedregal. Huele a naturaleza y con ello a compañerismo, a amistad a esfuerzo compartido, a lucha conjunta. Huele, ni más ni menos, que a ti.
Huele a Juanma porque estas montañas simbolizan muchos de los valores que él tenia. Él quiso las cumbres, entre otras cosas, porque nunca temió las cuestas arriba ni los senderos empinados que la vida te va proponiendo. La montaña simbolizaba su vida. Juanma, como también lo son los montes, era una fuerza tranquila, una cumbre por hollar; una referencia que, aunque las nubes o el mal tiempo que en ocasiones azotan los caminos, te impidieran ver, sabías que estaba siempre ahí, inamovible. Si te alejabas, la sentías desde la lejanía; sabías que pasase lo que pasase estaría ahí cuando la necesitases. Las montañas no se mueven, son fijas, no cambian, no traicionan, no te fallan. Igual que Juanma. Pero, si decidías acercarte, si querías escalar la montaña, descubrías, sin trabajo alguno, con la facilidad que sólo las gentes de bien tienen para abrir sus puertas, que la cima te invita a escalarla, te reta pero al mismo tiempo te da las herramientas necesarias para hacerlo, nunca te abandona, nunca olvida que vas hacia ella, nunca ignora que comparte el camino contigo y por eso, siempre, te tiende la mano. Es el llamado ‘Efecto Escupidera’, la mítica rampa del Monte Perdido. Esa rampa es el compendio del carácter de Juanma: reta a la vida, asocia a tus amigos, escala la cumbre y, por el camino, acompaña a los tuyos, ayúdales, apóyales, infúndeles confianza en las dificultades, vívelas codo con codo y, después, compartido el trago, no te olvides de vivir la vida, de bebértela a sorbos y, como él decía cuando estaba de buen humor que era en bastantes ocasiones hay que cumplir una máxima que resumía en una frase:“Un día podrás hacerlo dos o tres veces, pero el día que no follas, ese, ya no lo recuperas”.Hasta siempre amigo.







Y por si a alguien le interesa esta es la ruta que hemos hecho:

1 comentario:

riflessioni in campo dijo...

hay gestos, como este vuestro, q x su intrínseca y escueta nobleza permiten recobrar cierta fe en el ser humano...